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Tipeadores contaron su Navidad más increíble y ganaron premios 

Una tipeadora pasó una Navidad en un calabozo del DAS; otra acostumbra celebrarla el primero de enero y una familia de Frontino, con integrantes en España y Colombia, hizo su Novena en esta Navidad a través de Skype.

Con historias como éstas, enviadas entre el 16 y el 24 de diciembre, 10 tipeadores ganaron bonos de alojamiento por una noche, para dos personas, en el Poblado Plaza, con cena y desayuno incluidos. Les presentamos las 10 historias ganadoras.

 

Historias navideñas sorprendentes

"Somos tres familias: una en Frontino, otra en Itagüí  y la otra en Tenerife, España. Acordamos reunirnos a la misma hora, conectadas a través de Skype, que nos permite hablar y compartir la Novena online, como si estuviéramos en casa alrededor del pesebre. Al estar separados por tierra, estamos unidos por el espíritu de la Navidad, rompiendo así esa barrera".

Gloria Osiris Toro Carmona

"Sucedió hace dos años cuando pasé el año nuevo con un amigo admirador. Él dijo "tú serás para mí, no te voy a dejar escapar", y cómo les parece que nos encarpetamos. Ahora tenemos una hermosa hija, no creía en sus palabras pues realmente no pasaba por mi mente enamorarme de él. Ya son tres maravillosos años nuevos al lado de mi hija y mi esposo".

Licenia Rivera

"Ahora que ha pasado el tiempo y después de más de 40 años de la muerte de mi padre, puedo decir que mis navidades más  inolvidables fueron las que disfruté en compañía de mi familia en mi niñez, especialmente con mi padre, quien en medio de su precaria situación económica, con 8 hijos pequeños todos y en el campo, pobres pero con una linda familia llena de amor y respeto, nunca permitió que debajo de la almohada de cada uno de nosotros  faltara el traído del Niño Dios. Pequeño, de poco valor económico, pero con un inmenso valor  espiritual para todos.

Mi madre, con ese inmenso amor que siempre nos brindó, se especializó en la culinaria simple del campo con sus dulces, su natilla y empanadas. Todo lo que estaba a su alcance para que disfrutáramos ese día. Añoro esos tiempos, que no volverán.

No había tecnología pero qué felices éramos. Recuerdo también el pesebre. Se dedicaba un día a buscar el musgo, luego todos  colaborábamos en la organización  de los animales y lo demás, porque tenía de todo: vacas, leones, pájaros, patos, ovejas, peces, muñecas, hasta carros y bicicletas, y cada  animal tenía su dueño.

Era una verdadera fiesta. En la novena, todos al pie del pesebre, con los cascabeles y todo lo que podíamos hacer sonar. Recuerdo que había un pajarito que llenábamos de agua y cantaba al soplarlo. Era nuestro favorito y nos turnábamos para hacerlo cantar.

Cosas tan simples pero de gran valor. Todos hacíamos la novena y cantábamos con  alegría. Nunca en mi casa se habló de tomar licor en una Navidad, pero la pasábamos muy unidos y felices".

Teresa Ramírez

"Mi anécdota es un poco triste pero a la vez me dejó una gran satisfacción. En diciembre de 2005 tenía mucha pereza de decorar la casa de Navidad y mi madre, que era una amante de esta bella época, me insistió mucho para que lo hiciera, con el argumento de que de pronto ésa era su ultima Navidad con nosotros.

Pues le hice caso y la casa quedó hermosa. Y efectivamente fue su última Navidad. Desde eso, cada año me esmero por adornar la casa en su honor y su recuerdo se mantiene vivo en esta época tan bonita y alegre".

Ana María T.

"Tenía razón el abuelo: 'Mijo, guarde las tablas y esa cama vieja en el solar, que sirve de leña pa' la natilla y la fritanga del marrano'. ¡Y empezó diciembre! En el barrio se colgaban cadenetas de colores, globos, chorrillos y totes se encendían, la tía Merceditas siempre alistaba el marrano.

Bastante aguamasa me tocó cargar. Ya estaba lista la camisa y el pantalón para rellenar el año viejo con tres bultos de aserrín. El abuelo estaba contento. Fumando tabaco y tomando cerveza entonaba las canciones de Buitrago.

En el barrio se veían sancochos y pailas con natilla por todos lados. La mitad le entregaba al 'pito' la lista de las cosas que había que comprar en la plaza de mercado. Traiga la carreta que vamos pa’l parque, compramos el maíz pa’ la natilla, el queso pa’ los buñuelos, dos racimos de plátanos, medio bulto de papas, yuca, las velas pa’l día de las velitas y el helecho pa’l marrano.

Las calles estaban bonitas y la gente pintaba el frente de las casas para poner los alumbrados. La carreta ya estaba pesada, el abuelo cansado se entró al granero Las Quince Letras y se puso a jartar cerveza, pa’ mí una avena natural.

Era domingo, día de las velitas, todos en familia íbamos a misa ,yo estrenaba ese diciembre camisa y zapatos de cuero. En plena juventud comenzaba a sentir admiración por las mujeres, Diana la vecina era muy linda, ella en misa me hacía caritas, miradas iban, miradas venían.

Terminada la misa me hice el pendejo mirando el pesebre, ella se acercó, la cogí de la mano, como estábamos solos en la iglesia salimos y en el pasaje nos dimos un beso - ambos con 13 años -. Le pedí que fuera mi novia y ella aceptó; me embargaba la felicidad, llegué a casa, ya todos en familia prendían las velitas, esperé un poco y  me pasé a prender las velas de la casa de Diana.

Era puro amor de Navidad y mi primera visita de novio. Mis amigos que estaban recogiendo velas derretidas pa’ la llamarada del diablo me invitaban y no les prestaba atención. 'Vaya tráigame una caja de cerveza donde don Toño y se queda con la devuelta', decía el abuelo.

Desesperado por volver a ver a Diana fui al instante, y de regreso tomé prestada la bicicleta de mi hermano mayor e invité a Diana al parque a ver los alumbrados. Allá le compré un detallito, tomados de la mano vimos un globo y ambos pedimos un deseo; las luces y la pólvora me hacían sentir en un sueño, era mi mejor Navidad. Llegué a mi casa y la fiesta seguía. Yo pensaba en mi novia y quise hacerle otro detalle, recogí las tapas de cerveza, las machaqué y le hice un cascabel pa’ cantar en la Novena de Aguinaldos.

La llegada de las novenas con los tutainas  tuturumainas y los anananitas se hicieron sentir, el pesebre de mi casa era el mejor; a las gallinas las encerramos en un corral de palitos de paleta, les pusimos musguito a las vacas y un espejo a los patos para que se viera como agua.

El 24 sacaban el marrano y lo despedían de este mundo cubriéndolo con helecho y se prendía la fiesta. Al llegar la Noche Buena, los regalos se repartían y el arbolito se encendía, la mitad era la mejor en la cocina -chicharrón pa’ todo el barrio-, la música sonaba a todo volumen: Grito vagabundo, La víspera de año nuevo y Dame tu mujer José.

Ya sonaban  las 12, yo  no esperaba regalo del Niño Dios pero debajo de la almohada encontré un pañuelo y unas medias. Como ya me sentía grande y quería comportarme como tal, me tomé dos cervezas y un aguardiente al escondido pero esto fue suficiente pa’ que me diera sueño y dañarme la noche porque Diana se enojó.

Faltaba el fin de año y la natilla y los buñuelos que mi abuela hacía el 31. Pasaban los días, los globos, los voladores, los chorrillos y Diana nada que me hablaba, retomé los amigos y me fui a pedir plata de cuenta del muñeco.

Llegó el 31, todos se divertían y se veían muy alegres menos el año viejo y yo. Mi casa y todo el barrio eran puro jolgorio, mi papá lavaba la paila y el abuelo me pidió moler el queso y sacar la leña del fogón, yo intentaba entusiasmarme, guardaba la esperanza de que con Diana todo se normalizara, no aguanté y le conté todo mi secreto al abuelo, quien se echó a reír y dándome un abrazo me dijo: 'Hijo, vas a ver qué es lo bueno, ten fe en Dios y verás que ella viene a darte el feliz año. Eso, llévele natilla con buñuelo que con eso la conquista'.

Esto me motivó y me alegró un poco. Comenzó el fin de año, todo era bullicio, música, humaredas, comida, voladores, maicena y abrazos. Eran las 9 de la noche, ya la natilla estaba lista, ni el 'raspao' de la paila me animaba, toda la familia estaba comiendo natilla con buñuelos hechos por la abuela con la receta secreta.

Fui a comprarle una garrafa de aguardiente a mi papá y al llegar el abuelo preguntó: 'Mijo, ¿ya le llevó el detallito a Diana? Mire que se va a acabar'.

Corrí a la cocina y sólo quedaba un plato de natilla y un buñuelo, ni pa’ mí alcanzó. Cogí el plato y salí corriendo pa’ la casa de Diana, me caí y con las rodillas raspadas pude ver cómo el buñuelo salió rodando y cayó a una alcantarilla.

Sólo logré coger el pedazo de natilla. Aburrido me devolví pa' mi casa, ni siquiera eran las 10 de la noche y ya estaba acostado. Todo era una maldita Navidad, esa noche no era mía, no quería ver gente, sin Diana nada era igual.

Desde mi cama se lograba escuchar la magia del fin de año. De repente sentí la cálida caricia de una mano, desperté y vi que era Diana, me dio el beso de fin de año y  me compartió un postre que la mamá había hecho. Lleno de felicidad terminé el año viejo y empecé el nuevo".

Víctor Hugo Giraldo Ríos

"Hasta diciembre de 1999 acostumbrábamos pasar el 31 en un hotel con toda la familia. Pero en 1999 mi papá se quedó sin trabajo y obviamente no teníamos plata para ir a ningún hotel a celebrar. Sin embargo, es la Navidad que recuerdo con más amor. De forma improvisada armamos una cena en mi casa, oramos y agradecimos por todo y salimos al puente de la 30 a ver los juegos pirotécnicos a las 12.

Esa Navidad fue la mejor porque aprendimos que lo más importante es que estábamos juntos y a partir de allí, económicamente todo se solucionó pero no quisimos volver a hoteles sino seguir haciendo la tradición de la cena con agradecimiento en mi casa".

Luz Adriana Villa A.

"La Navidad más sorprendente fue cuando crecí y conocí a mi esposo. En aquella época éramos novios y viví con su familia la fantasía de la Navidad. Era un mes de gala y celebración, de comida, oración, amor, regalos, felicidad y agüeros. Natilla, buñuelos, novenas, marranos, familia, saludos, llamadas, música, fiestas por aquí, por allá y tres o más invitaciones a la vez.

Visitas a la abuela, a la tía, a la otra tía, al primo, a la esposa del primo, al suegro, al yerno, al hermano y no alcanzaba el mes para verlos a todos.

Hoy día, cada vez que pienso en Navidad, estas imágenes vienen a mi mente, pero la más vívida es la del 31. Toda esta familia y yo nos fuimos para la costa a visitar a una tía. Cada vez que me refiero a este día lo llamo el día del aquelarre.

Seis tías a oscuras en la sala, acompañadas de sus esposos, hijos y las novias de sus hijos, con la música a todo volumen, regalando plata, lanzando lentejas al techo, lavando manos con canela, comiendo uvas, contando billetes, rezando, tomando un baño con un jabón especial, buscando los calzones amarillos, corriendo con maletas en la espalda, llorando, llamando, abrazando, voleando la espiga, brindando, organizando un paquete con arroz, fríjol y otros granos. El humero del incienso que quemaban hizo del momento un recuerdo pictórico que revivo cada Navidad.

Ahora que vivimos lejos, la Navidad volvió a ser simple y sencilla. Es la añoranza de vivir de nuevo aquella Navidad sorprendente que se quedó tallada en el recuerdo, en el corazón".

Carolina Cardona

"Todas mis navidades son inolvidables porque las celebramos el primero de enero. Por vivir todos en ciudades diferentes, la reunión familiar la empezamos desde el 30 de diciembre, pasamos todos el 31 y el 1º de enero armamos el arbolito con alguna planta o algún chamizo y lo decoramos con lo que tengamos a mano, pues generalmente estamos reunidos en una finca.

Hacemos todo como si en realidad fuera el 24 de diciembre. La entrega de regalos siempre es diferente, algunas veces adivinando por medio de mímica, otras escondiendo el regalo y dando pistas, en todo caso es muy divertido. Nos reunimos aproximadamente 20 personas".

Yolanda Zárate M.

"La de 2003 fue la Navidad que más me impactó,ya que me tocó pasarla en un calabozo del DAS, debido a una gran equivocación. Yo viajaba a pasar la Navidad en otro país y en emigración me encontré con la sorpresa de que había una orden de captura en mi contra. No se inmaginan qué sentí. Todo fue aclarado pero me tocó pasar la noche de Navidad en el calabozo.

Salí el 26, ya mi estado de ánimo no estaba como para irme de paseo. Hoy doy mil gracias a Dios por lo que me sucedió. En los momentos más difíciles aprendemos a valorar todo lo que tenemos y a ser mejores personas y tener fe en que el Niño Dios siempre nos protege y nos ayuda en todo".

G. María M. Vanegas

"Desde el 24 de diciembre de 1989 estuve esperando el nacimiento de Juliana, mi hija mayor. El médico me dijo que desde el 24 estuviera lista para irme para la clínica, estuve a la expectativa, pasaron los días y mi hija llego el 29.

Bueno, eso fue una gran felicidad, mi familia decía: "¿Será que nacerá el 28, Día de Inocentes? Fue una Navidad en la dulce espera. Y otra Navidad que recuerdo con mucho agrado fue cuando mi padre se ganó la lotería. Fue en el año 1990, la familia estaba pasando por una época muy difícil, éramos ocho hermanos, mi padre, mi madre, no teníamos ni para hacer una natilla, que tanto nos gusta, y fue el 22 de diciembre y ahí sí a gozar. Nos compraron regalos, hicimos comida hasta que nos hartamos, casi nos dio locura a todos".

Martha Elena Arango Londoño

 

 Lectores enviaron Tips de Navidad y ganaron