
Los Lopera Osorio de Envigado entregan su vida por los demás
Juan Carlos Valencia Gil, con el tip de Herman Lopera Mejía
Toda la familia: padre, madre y dos hijos parecen haber sido llamados en la vida para la misma misión: salvar vidas. Visten de naranja cuando les toca, se arman con casco y arneses y, aunque conocen el miedo, poco les tiembla la mano cuando hay emergencias o desastres: los cuatro son voluntarios de la Defensa Civil de Envigado.
Se trata de los Lopera Osorio: Herman Lopera y doña Ligia Osorio, con sus hijos Juan Esteban y Diana María. Para todos ellos el sentido de su existencia consiste en ayudar a otros.
Juan Esteban y Diana cursaban la primaria en el colegio Alejandro Vélez y doña Ligia los llevaba al parque infantil de Alcalá, el barrio de toda la vida de esta familia. Fue en una de estas idas cuando John Erley Jiménez, profesor del colegio, quien integraba la Defensa Civil del municipio, motivó a los niños para que ingresaran al semillero Civilitos.
Las palabras del profe más los consejos de don Herman, que ya era asesor de este grupo de ayuda humanitaria, convencieron a los chiquitos. Ni Juan Esteban, que tenía siete años ni Diana de cinco duraron un instante para entrar al semillero de la Defensa Civil. El gusto por la aventura, el riesgo y el servicio a la sociedad motivó su decisión.
Del parque infantil a la Presidencia de la Junta
Con 15 años, Juan Esteban se convirtió en voluntario. Como civilito aprendió primeros auxilios y lo más importante: el valor de la vida por encima de cualquier cosa.
Luego de capacitarse como socorrista en Funza, Cundinamarca, estuvo en emergencias como los deslizamientos del barrio El Socorro, en el occidente de Medellín, y de La Cola del Zorro, en El Poblado. Participó en el rescate del bus que cayó a un abismo en El Carmen de Atrato y estuvo en la búsqueda del padre “Calixto”.
Esto, porque aunque pertenece a la Junta de Envigado, le corresponde colaborar en la seccional Antioquia y en el
ámbito nacional, si es necesario. “Donde nos necesiten, ahí estamos pa’ ayudar”, afirma.
De todas las desgracias en que ha estado, la que más recuerda es la avalancha en Bello por el desbordamiento de la quebrada La García en 2005. Fue la primera emergencia que le tocó después del curso básico y se impresionó “al ver tanto desastre, tantos muertos”.
Su valentía para estar en este tipo de misiones lo llevó a la Presidencia de la Junta de Envigado y a ser reconocido por otras juntas como un colaborador incansable. Con estos rasgos, cualquiera pensaría que a este muchacho de 24 años no lo asusta nada, pero...“Uno le tiene miedo a todo pero hay que afrontar las circunstancias”, cuenta.
Su labor lo gratifica mucho pero, como voluntario, no se gana un peso, entonces se la rebusca como técnico en mantenimiento y reparación de computadores e impresoras.
Dos mujeres infatigables
Diana y doña Ligia están en la Defensa Civil por una misma razón: les gusta ayudarle a la gente. La hija ingresó al
grupo desde niña; la madre, en cambio, apoyó a su familia desde afuera y hace un año decidió entrar también.
La experiencia que más recuerda Diana es la recuperación de las víctimas de la avioneta que se estrelló contra el cerro El Burro, en Urrao. “Fue muy duro porque el terreno era muy inestable”, comenta. A ella le gustaría que su bebé integrara la Defensa Civil en el futuro, pero cree que sólo él puede tomar esa decisión.
Doña Ligia, entretanto, como cuida una niña de otra familia, sólo puede ir los domingos a la Defensa Civil. Esta matrona envigadeña quiere que sus hijos trabajen en lo que les gusta pero que no descuiden el voluntariado “porque ellos son muy humanitarios”.
Empujando desde afuera
Es el que más tiempo lleva trabajando con la Defensa Civil, pero, paradójicamente, nunca ha integrado el grupo. Don Herman declara que es feliz “empujando pero no metido de lleno”. Como asesor, el gestiona recursos para la Junta de Envigado y trabaja en la logística en algunas misiones.
Pero no hace falta que formalice su vinculación a la Defensa Civil. Veinte años colaborando y la motivación a su familia son suficientes para sentirse un voluntario más, el líder de esta familia que le ha dedicado su tiempo y su vida al trabajo humanitario.
