
La belleza de los platanales del Quindío fascinó su lente
Elizabeth Correa con el tip de Ana Trauttmansdorff
Las hojas del plátano se convierten, tras el lente de Beatriz Torres Vélez, en imágenes llenas de color, textura y diversas apariencias. A esta artista quindiana le sorprende la versatilidad de esta planta que entre el juego de la luz puede revelar los momentos de la vida: el nacimiento, la reproducción y la muerte.
Beatriz no dice su edad, pero sí cuenta que tiene 3 hijos y 5 nietos. Precisamente fueron sus hijos los primeros que posaron, hace ya 25 años, ante su cámara y le permitieron descubrir que la fotografía era ese no se qué que llenaría su vida de felicidad. “Cuando tengo una cámara, nunca me aburro”, expresa.
Cuando estudiaba derecho en la Universidad de San Buenaventura en Cali, dio sus primeros pinitos como fotógrafa participando en un concurso que organizaron en la institución y, creyendo que los rostros de sus hijos sólo le alcanzarían para ingresar, se llevó el primer puesto. Luego, aunque sin mucha experiencia en el buceo, se inscribió en el primer concurso nacional de fotografía subacuática, y este también se lo ganó.
Convencida de que esta era su pasión y su oportunidad para una realización profesional, no dudó en sacar de su cabeza las leyes y quedarse con la fotografía. Como fotógrafa ha hecho todo tipo de trabajos: comerciales, publicitarios, retratos, pero desde hace 3 años, se dedica a lo artístico.
Su inspiración
Una tarde, cuando iba a visitar a su madre en Armenia, se percató de la belleza de los platanales. “El sol del Quindío ingresa en ellos y la luz les da una apariencia espectacular”, dice.
Al principio le atrajo la luz y la textura de los platanales, pero todo hace parte de un proceso de descubrir y perfeccionar, y esto toma tiempo, dice Beatriz. “Cuando yo entro a un platanal me encuentro en una fantasía de tonos y colores. Entro a mirar, a saciar esa incógnita de qué voy a encontrar allí y en esa búsqueda empecé a registrar desde que nace la planta hasta el momento que cae la hoja y empieza a morirse”.
Considera que su trabajo con las hojas de plátano es inagotable, ya que cada una es única y tiene un comportamiento distinto, por eso cuando se le pregunta durante cuánto tiempo más va a fotografiarlas, responde: “puede que llegue el día en el que me canse o sienta que agoté la pasión y el entusiasmo, pero en este momento creo que estoy en el corazón de mi desarrollo, en la médula, en la parte más importante”.
De las cientos de fotos que ha tomado, ya ha elegido 60, y en abril montará un exposición con 24 de ellas para reinaugurar la Casa del Quindío en Bogotá, ciudad en la que reside y desarrolla su trabajo actualmente. También adelanta un proyecto sobre personajes del Quindío.
De su vida quiere destacar especialmente lo afortunada que es por haber encontrado un oficio que la cautiva y la hace disfrutar tanto. “Mi trabajo me ha hecho una mujer muy feliz y me siento plena”.
Al encontrar ese no se qué que llenó su vacío creativo Beatriz Torres tuvo la fortaleza para aprender sola, sin una escuela, y ser reconocida por su excelente trabajo, no solo en concursos nacionales sino en las exposiciones que ha hecho en el exterior. Quito y Estados Unidos también conocen el talento de esta artista, que en los próximos días expondrá en la capital.
