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Pequeños robos en cementerio de Belén golpean a deudos

Tip de una lectora

Cuando apenas empezaba a superar la muerte de su hijo ocurrida hace un año, doña María*, de 70 años de edad, recibió una noticia que le removió todos los recuerdos y el dolor. La tumba, que con cariño y cuidando cada detalle adornó para la morada final de su muchacho, fue ultrajada el pasado domingo 26 de abril.

Su hijo está enterrado en el Cementerio de Belén, y en la visita dominical que sagradamente cumplen hermanos, tíos y sobrinos, porque María no puede por cuestiones de salud, se percataron de que hacían falta las flores, los santos y la leyenda del DIM, que la semana anterior habían dejado en su lugar.

Esta vez les tocó a ellos, ya que desde hace por lo menos siete meses, en el cementerio es cada vez más frecuente que las tumbas aparezcan sin sus adornos y las que tienen vitrina, con los vidrios rotos.

Según la versión de uno de los sepultureros en sus 13 años de trabajo siempre se han presentado este tipo de incidentes, pero sí ha aumentado la frecuencia. Por lo general los vándalos entran por la noche, sin que el guarda de vigilancia se dé cuenta.

María, que aún no sabe cuándo podrá volver a ver la tumba de su hijo, espera que la administración del cementerio preste más atención a esta situación y aumente el personal de vigilancia. Afirma que “aunque estos son otros tiempos, el respeto por los muertos debe perdurar”.

Intentamos hablar con el presbítero Héctor Mario Buitrago, encargado de la administración del Cementerio de Belén, pero no fue posible contactarlo.

* Nombre cambiado a petición de la fuente